viernes, 15 de mayo de 2009

¿MUJERES REALES O RETOCADAS?

Todas las semanas al pasar por el quiosco del barrio siempre veo lo mismo. Portadas de revistas cargadas de "caras bonitas" sin una arruga, ni un lunar, ni una imperfección… Y siempre me hago la misma pregunta ¿cómo podemos sentirnos identificadas con esas mujeres perfectas? Nosotras sí tenemos alguna arruga que marca nuestras facciones, también algún lunar que en muchos de los casos nos caracteriza y porque no, algún granito que nos da la lata durante unos días.

Pero a pesar de esto, nosotras somos reales. Quizá sea éste el adjetivo que mejor nos defina y diferencie de las chicas 10 de los anuncios, carteles publicitarios y películas. Aunque si nos paramos a pensar cuál es la principal diferencia entre ellas y nosotras, yo lo tengo muy claro, se le llama PHOTOSHOP.

No hay fotografía en la que este programa informático no haya llevado a cabo algún que otro retoque en esas arrugas, lunares o imperfecciones de las que hablaba anteriormente. Y se nota porque cuado coges una de estas revistas crees no conocer a la persona que aparece en portada, pero una vez que lees el nombre, la recuerdas y piensas… ¿Ésta es la chica que sale en aquella serie? Está tan retocada que no parece ni ella…

Justo estos comentarios fueron los que hicimos un grupo de amigas y yo no hace más de dos semanas. Íbamos de viaje, nos paramos en una gasolinera y ojeamos una de las revistas de mayor tirada del país. En portada aparecía una joven y conocida actriz, la cuál parecía estar hecha de porcelana debido a la desaparición de la expresión de su cara.

Es por esto, por lo que las mujeres reales no tenemos porque sentirnos identificadas con las mujeres perfectas…simplemente porque no existen.

Con el uso del photoshop o cualquier otro tipo de programa de retoque fotográfico se pueden conseguir todo los efectos deseados. Por ello, en las revistas que llenan los quioscos nunca podremos ver representada la naturalidad de la mujer.

jueves, 14 de mayo de 2009

LA CULTURA ISLÁMICA ES MASIVA, PERO NO PUEDE SER CONSIDERADA UNA CIVILIZACIÓN

Rafael Calduch, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, ha explicado en el II Seminario Internacional sobre La comunicación Mundial y el Entorno Civilizatorio celebrado en la Universidad Rey Juan Carlos que a pesar de ser masiva, la cultura islámica no se puede considerar una civilización. Sin embargo, y sorprendentemente, cree que la hindú si ha alcanzado la convergencia de todos los elementos fundamentales: religión, historia, lenguaje, cultura y arte.

Según esta teoría, a su juicio solamente existen tres civilizaciones, de las cuales las más claras son la Occidental y la Sínica. El resto del mundo se divide en culturas, que en muchos casos llegan a ser masivas -como sucede con la islámica-, pero que en cualquier caso no han logrado sentar las bases de una verdadera civilización.

Sin duda, uno de los aspectos más llamativos de la intervención de Calduch ha sido su mención a las que él llama ‘culturas detenidas’. En referencia a las bases culturales indígenas, el catedrático considera que su evolución se ha paralizado, no avanza y tiene como futuro mimetizarse con el resto de civilizaciones y culturas mundiales.

En este sentido, es de vital importancia la influencia de un fenómeno que Calduch define como “interdependencia compleja a escala mundial”: la globalización. Éste será el método para lograr acercar todas las civilizaciones y acabar convirtiendo las actuales culturas masivas en fenómenos civilizatorios.
Sin duda, todo lo expuesto por el profesor ofrece lugar a muchas opiniones, e incluso a teorías alternativas que desdeñen su posición. En cualquier caso, es indiscutible su verdadera confianza en que el destino de la evolución cultural mundial pasa por convertirse en un fenómeno de mimetización y asimilación cultural.

UNA VISIÓN GLOBAL DE UN MUNDO GLOBALIZADO

El 13 de mayo, en el salón de grados del departamental de la Facultad de Comunicación de la Universidad Rey Juan Carlos, se ha celebrado un seminario sobre "Las fronteras de las civilizaciones: nuevo orden comunicativo mundial".
El acto comenzaba con bastante puntualidad, a las cuatro menos cuarto, y con una considerable afluencia de público, principalmente alumnos de la universidad.
Rafael Calduch Cervera, catedrático de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense fue el primero en tomar la palabra.
En su exposición hizo un análisis detallado de las características que poseen las civilizaciones y las culturas que existen en nuestro mundo global.
Entre sus aportaciones más interesantes, cabe destacar la distinción entre civilización y cultura.
Además, aseguró que aquellos que piensan que tenemos una civilización universal se equivocan: "solamente estamos en los primeros pasos para llegar a ese punto".
Por el contrario, "sí podemos hablar de una civilización occidental", afirmó cateogóricamente, ya que hemos creado un "mínimo denominador común" gracias a compartir creencias (el cristianismo) y la ciencia y tecnología.
Cervera también explicó el concepto de globalización reduciéndolo a tres elementos: interdependencia, mundialización y complejidad.
Sin duda, su exposición proporcionó nuevas ideas sobre la globalización, tema que trató desde un punto de vista más global y antropológico.

LA FICCIÓN TELEVISIVA ES LA PROTAGONISTA DEL FESTIVAL DE CINE DE VALLADOLID

La Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) se celebrará entre el 20 y el 26 de junio. En su quincuagésima cuarta edición, los organizadores han decidido dedicar este Festival a obras de ficción producidas solamente para ser emitidas por televisión.
Doce telefilmes serán juzgados por el jurado y lucharán en la sección oficial por los premios de la crítica. Las películas más destacadas son "Violetas", "El asunto Reiner", "El enigma Giacomo" y "Flor de mayor".

http://www.seminci.es/

RETRATO DEL MAESTRO MERCE CUNNINGHAM

Este fragmento de vídeo es un retrato de Merce Cunnhingam, uno de los más prestigiosos coreógrafos y bailarines mundiales. Nacido en Washington en 1919, una de sus creaciones más meritorias y reconocidas es la Merce Cunningham Dance Company, formada en el Black Mountain College en el verano de 1953. Desde esa época, Cunningham ha coreografiado cerca de 200 obras para su compañía. En esta película de John Feldman se hace un repaso a su trayectoria y se incluyen fragmentos de entrevistas al protagonista.

¿60 EUROS POR UN MUSICAL?

Una de las principales quejas de los ciudadanos respecto a la cultura es su elevado coste. Todavía recuerdo cuando doblaron el precio de la entrada del Museo del Prado (pasó de tres a seis euros) y se montó un revuelo de escándalo… De la misma manera, a todo el mundo le parece un abuso tener que pagar 60 euros por ver un buen musical o un espectáculo de danza con algunos de los más prestigiosos bailarines del mundo.

Y todo ello a pesar de que es algo a lo que se asiste con poca regularidad. Es decir, nadie va cada semana a ver un espectáculo de 60 euros porque los bolsillos no están preparados para soportarlo. Sin embargo, se producen algunos fenómenos muy curiosos. En el reciente partido Real Madrid – Barça llegaron a pagarse hasta 2.000 euros por entrada. Con ese dinero uno podría hacer muchas cosas (incluso comprarse un coche de segunda mano), pero si pensamos en el ocio, podrían verse 33 musicales u obras de teatro por el mismo precio. Esto podría llevarnos a pensar que no es que la cultura sea cara, sino que a muy pocos les parece que merezca la pena invertir en ella.

No es discutible qué es mejor: si ver un duelo deportivo sin igual en directo o disfrutar del magnífico espectáculo de Sara Baras o del maestro Merce Cunningham en el Festival Internacional de Danza de Madrid. Pero en cualquier caso, queda claro que no es una cuestión económica, sino de preferencia cultural.

También uno podría pensar que los que acuden a un estadio de fútbol o a una pista de Fórmula 1 y pagan cantidades astronómicas por poder entrar son una minoría, pero no es así estadísticamente. Y no sólo eso, sino que no se les considera pertenecientes a un estrato social de alto nivel económico. Hay quien llega a pedir un préstamo para poder sufragar algún vicio como los comentados. Y suelen ser los mismos que con una cámara delante se quejan de que para entrar al segundo museo más importante del mundo, el Museo del Prado, haya que pagar seis míseros euros.

En España no falta capital para disfrutar de la cultura, sino interés por conocerla, más allá de que muchos consideren un espectáculo cultural el hecho de que 95.000 almas griten enfurecidas en un estadio de fútbol.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Ignorando lo nuestro

Todos los domingos por la mañana paso junto al Museo del Prado. La imagen es siempre la misma. Interminables filas de personas que nacen desde las puertas del museo y serpentean la silueta de este antiguo edificio a la espera de poder entrar. Lo más curioso, la nacionalidad de los valientes que aguantan más de una hora de cola para acceder al museo, haga frío, calor, llueva o los rayos del sol quemen su piel. La mayoría son extranjeros, casi ningún español.

El último viaje internacional que he hecho fue este verano. Pasé cinco días en Roma. Durante mi estancia en la capital italiana realicé todas las “visitas indispensables” que sugería mi guía de viaje, entre ellas, la entrada a los Museos Vaticanos. Como buena turista que soy, me levanté bien temprano mi segundo día en Roma para visitar estos museos. Cuando llegué a mi destino, pensé que me tendría que haber levantado al menos una hora antes, ya que abrí los ojos a las ocho de la mañana, llegué a los museos a las 9.30 y ya había una fila interminable de turistas a la espera de entrar, igual que en el Museo del Prado.

Tuve que esperar más de una hora para acceder a los museos, pero fue de lo más amena. Delante y detrás de mí esperaban dos parejas españolas. “¡Qué casualidad!”, pensé. El aburrimiento de la espera nos forzó a entablar una conversación. Los que estaban por delante de mí eran gallegos, pero habían visitado Madrid tres veces y los de detrás eran madrileños, como yo, “¡qué casualidad!”, pensé de nuevo.

Mantuvimos una conversación muy animada sobre las obras que albergan los Museos Vaticanos. Miguel Ángel, Rafael y Leonardo da Vinci fueron los protagonistas de nuestros comentarios. Justo antes de entrar, se me ocurrió comparar los Museos Vaticanos con el Museo del Prado y cual fue mi sorpresa cuando mis compatriotas no pudieron seguir el nuevo camino que había tomado la conversación porque me dijeron que jamás habían entrado en el Museo del Prado y que no podían opinar al respecto.

“¡No podía dar crédito!”, resulta que las dos parejas habían madrugado, igual que yo, para entrar en los museos, pero nunca habían visitado uno de los museos más importantes de nuestro país. Mi desilusión fue a más cuando les pregunté que si tampoco habían entrado en los Museos Reina Sofía y Thyssen- Bornemisza. Recibí un “no” por respuesta, pero con orgullo me dijeron que sí que habían estado en el National Gallery y en el Louvre.

Mi último pensamiento antes de entrar en los museos vaticanos fue: “qué pena, estas dos parejas invierten tiempo en conocer el arte de otros países, pero viven o han visitado varias veces Madrid e ignoran el arte que les ofrece esta ciudad. Con lo gratificante que es perderse por los recovecos del triángulo madrileño del arte…”.

Ahora me pregunto: “¿los extranjeros que veo cada mañana de domingo conocerán los museos de sus países?...quizá les pase como a los españoles que conocí en Roma… ¡de rarezas está lleno el mundo!”.